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18/07/2020 Sábado 15 (Mt 12, 14-21)

Mirad a mi Siervo, a mi elegido, a mi Amado, en quien mi alma se complace… El pabilo vacilante no lo apagará hasta que haga triunfar la justicia. Y en su nombre esperarán las naciones.

El Evangelista Mateo cita frecuentemente el Antiguo Testamento para aplicarlo a Jesús. La cita de hoy, tomada del profeta Isaías (42, 1-4), es la más larga de todas. Nos habla maravillosamente bien sobre la identidad de Jesús. En verdad, en Él se realiza el pleno cumplimiento de todas las profecías. El Espíritu de Dios, como se vio en el bautismo de Jesús (Mt 3, 16), reposa sobre Él: Espíritu de paternidad, de maternidad y de fraternidad; Espíritu de misericordia y de ternura; Espíritu que no intenta dominar ni imponerse. El suyo es un poder amable y sencillo.

Atento a las debilidades humanas y dispuesto a ofrecer siempre oportunidades de recuperación y cambio. Su mensaje no es para selectos ni perfectos, sino alivio y liberación para quienes conscientes de sus debilidades se abren con confianza a la Palabra de su vida y de sus gestos. Es un Dios que actúa con suavidad con lo débil y vacilante, pero también con firmeza y tenacidad en el compromiso asumido, de forma que no quebrará lo débil, pero él tampoco se quebrará. Un Dios que no implanta la justicia arrollando lo débil, sino sosteniendo lo más frágil y amenazado de ser (Papa Francisco).

No romperá la caña ni apagará el pabilo vacilante.

Así es Dios; porque así es Jesús. El Dios ansioso por liberar de pesadumbres la vida de sus hijos. El Dios ansioso por encontrar la oveja descarriada para ponerla sobre sus hombros y devolverle a una vida digna y saludable.

© 2019 Carmelitas Descalzos de la Provincia de San Joaquín de Navarra

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