19/01/2026 Lunes 2º (Mc 2, 18-22)
- Angel Santesteban

- hace 1 día
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Un día que los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno, fueron a decirle a Jesús: ¿Por qué los discípulos de Juan y de los fariseos ayunan y tus discípulos no?
Los discípulos del Bautista y los fariseos son personas buenas y bienintencionadas. También Jesús las ve así. Pero, para Él, son personas descaminadas porque se aferran a un pasado que fue bueno antes, pero que ahora les impide abrirse a la novedad del Evangelio. Los discípulos de Jesús van adquiriendo identidad propia.
Jesús les respondió: ¿Pueden los invitados a la boda ayunar mientras el novio está con ellos?
La identidad de los discípulos de Jesús está marcada por la centralidad de quien se llama a sí mismo el novio. Lo religioso es vivido en una atmósfera de gozo. Nos llama amigos y nos invita a una relación de festiva familiaridad. Cosa que resulta imposible con la vieja imagen de un Dios mezcla de ira y de amor, de venganza y de bondad.
Nadie usa un trozo de tela nueva para remendar un vestido viejo.
El mensaje de Jesús es revolucionario, muy distinto al del Bautista. Practica la comensalidad más que el ayuno. Con todos; también con pecadores.
A vino nuevo, odres nuevos.
Las personas de bien, ayer y hoy, son reticentes a la hora de desprenderse de los viejos odres: el templo, las tradiciones, las devociones…
El Papa Francisco comenta: ¡Vino nuevo en odres nuevos! Porque ante las novedades del Espíritu, ante las sorpresas de Dios, también las costumbres deben renovarse. Espero que el Señor nos dé la gracia de un corazón abierto, que sepa discernir lo que nunca debe cambiar porque es fundamento de aquello que tiene que cambiar para poder recibir la novedad del Espíritu Santo.
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