19/07/2026 Domingo 16 (Mt 13, 24-43)
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El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó.
San Pablo, en la carta a los Romanos, muestra su estupor ante los planes de Dios. Dice: ¡Qué abismo de riqueza, de sabiduría y prudencia el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones, qué incomprensibles sus caminos! (Rm 11, 33). La parábola de la cizaña dice mucho de estos incomprensibles caminos de Dios, tan distintos de los nuestros. Dios sabe dar tiempo a las cosas y sabe integrarlo todo en su plan de salvación universal. No nos quepa duda de que llegaremos a la plenitud del Reino de Dios, a nivel personal y a nivel cósmico, después de tanta cizaña y tanto conflicto: llegaremos. Así lo dice san Pablo: En la plenitud de los tiempos todo tendrá a Cristo por cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra (Ef 1, 10).
A veces se nos atrofia la esperanza, y al optimismo de la fe oponemos el realismo de lo que dicen la razón y los sentidos. Jesús, con esta parábola de la cizaña, nos invita a vivirlo todo tranquilos, optimistas, con confianza. Nos invita a no ver a Dios en un campo impoluto, sino en un campo descuidado. Nuestra actitud ante un campo invadido por la cizaña, sea el personal, el familiar o social, no debe ser la actitud impaciente de los criados sino la actitud tranquila del dueño del campo. A nosotros nos encantaría un campo perfecto, libre de toda cizaña y estaríamos dispuestos a cualquier esfuerzo para conseguirlo. El dueño del campo lo prefiere como lo vemos. Y la verdad es que encontramos mejor a Dios en la imperfección, en el conflicto y en el pecado, que en la corrección y en la excelencia.
Aprendamos a convivir serenamente con todo tipo de cizaña. Como Iglesia, aprendamos a vivir tranquilos en minoría y ninguneados. Como creyentes, aprendamos a convivir sosegados con nuestras pequeñeces y fragilidades. Aprendamos la paciencia, la confianza, la comprensión, el perdón.
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