20/01/2026 Martes 2º (Mc 2, 23-28)
- Angel Santesteban

- hace 5 horas
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Los fariseos le dijeron: Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?
Los siete pecados capitales anidan en todo hijo de Adán. El primero, el más capital y universal de todos, es el de la soberbia. Se pone de manifiesto con frecuencia en actitudes fariseas. En ámbitos profanos es la actitud del escándalo ante los pecados ajenos; en ámbitos religiosos es la actitud del legalismo, colocando ley, autoridad y obediencia en el lugar de Dios. En toda religión se trata de suplir la ausencia de espíritu con el rigor de la ley.
Somos fariseos cuando no sabemos practicar lo de, quien esté sin pecado que tire la primera piedra (Jn 8, 7). Y cuando no practicamos lo de, no hagáis nada por ambición, ni por vanagloria, sino con humildad, considerando a los demás como superiores a uno mismo (Flp 2, 3).
Somos fariseos, con un fariseísmo más difícil de detectar, cuando nos creemos capaces de alcanzar santidad y salvación con nuestros propios esfuerzos, confiando también en prácticas religiosas de efectos infalibles.
Somos fariseos cuando, por atender a Dios, desatendemos a los prójimos. Porque, el sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado.
En la vida del cristiano, lo prioritario no está en la iglesia, sino en el hogar y en la calle; lo prioritario no es Dios, sino el prójimo: Si al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda y vete a reconciliarte con tu hermano (Mt 5, 24). Dios es Padre y es Amor, y su gloria consiste en el bien de sus hijos. Son las necesidades de los prójimos las que determinan lo que hay que hacer en cada momento.
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