20/02/2025 Jueves 6º (Mc 8, 27-33)
- Angel Santesteban
- 19 feb
- 2 Min. de lectura
Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
Vosotros. Es decir, nosotros, los privilegiados con el don de la fe, acercados a Jesús por el Padre; porque, nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre (Jn 6, 65). Cuando se nos concede esto, la vida se desenvuelve en un clima de alabanza y de gratitud. Pero cuando esto se lleva a cabo solamente a medias, sucede lo que sucedió a Pedro; que proclamamos con orgullo nuestra adhesión a Jesús, pero estamos lejos de entender lo que proclamamos.
Vosotros. Hay diferentes maneras de relacionarse con Jesús. La relación del discipulado, de la intimidad, es para pocos. El mismo Jesús, después de muy significativos encuentros con algunos hombres y mujeres, los dejaba marchar; fueron relaciones esporádicas. La nuestra, no; nosotros estamos llamados a permanecer con Él. Aunque, como a Pedro, nos cueste conocerle y entenderle.
Pedro proclama muy bien: Tú eres el Mesías. Pero no sabe lo que dice. El Mesías con quien él sueña, es el Mesías vencedor de los enemigos de Israel que devuelve a la nación el esplendor de los tiempos de David. Pedro necesita pasar por la experiencia de la cruz y de la resurrección para comprender y abrazar el verdadero mesianismo; para entender que el campo de cultivo del Reino de Dios es el de la cruz; el de la contradicción y la persecución.
Vosotros. Nosotros, los creyentes, debemos tener claro que el conocimiento del Señor es algo en continuo crecimiento. Hasta llegar a comprender con todos los santos la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo que excede a todo conocimiento, y nos llenemos de toda la plenitud de Dios (Ef, 3, 18-19).
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