20/10/2026 Martes 29 (Lc 12, 35-38)
Sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran.
Como hombres que esperan. Con la actitud descrita en una oración de la Misa: Mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo. Si durante los nueve meses vividos en el vientre de nuestra madre no teníamos idea de lo que nos depararía la vida en este mundo, tampoco ahora tenemos idea de lo que nos depara la vida del mundo futuro. ¿Cómo será aquello? Algo, no mucho, nos dice Pablo: Lo que ojo no vio, ni oído oyó, ni mente humana concibió, lo que Dios preparó para quienes lo aman (1 Cor 2, 9). Algo más nos dice Jesús: Dichosos los criados a quienes el amo, al llegar, los encuentre velando: os aseguro que se ceñirá, los hará sentarse a la mesa y les irá sirviendo. Y también: Cuando vaya y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros (Jn 14, 3).
Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas.
Son imágenes muy expresivas. Ambas reprueban un estilo de vida apático e irrelevante. Nada de tumbarme a la vera del camino, anclado en el pasado. Nada de caminar entre sombras, sino siempre iluminado por la Palabra de Dios. Jesús me quiere siempre alerta. Que no sea una actitud obsesiva y malsana, sino una actitud que me haga vivir el momento presente con intensidad y clarividencia. Siempre despierto para permanecer en su presencia: en la Eucaristía, en la oración, en el Evangelio, en los pobres, en la convivencia diaria. Siempre despierto para vivir más pendiente de los prójimos que de mí mismo.
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