21/01/2026 Santa Inés (Mc 3, 1-6)
- Angel Santesteban

- hace 2 horas
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Dijo Jesús al hombre de la mano paralizada: Levántate y ponte en medio.
Ayer los fariseos, celosos guardianes de la ley, acusaban a Jesús por permitir a sus discípulos quebrantar las leyes del sábado al arrancar espigas. Hoy están al acecho para ver si vuelve a profanar el sábado curando al hombre de la mano paralizada. Jesús es consciente de que lo que se propone hacer será el principio de su fin. Al final del relato vemos que los fariseos salieron inmediatamente y deliberaron con los herodianos cómo acabar con Él. Jesús no se acobarda y dice al hombre de la mano paralizada:
Levántate y ponte en medio. Jesús siempre pone al hombre en medio, en el centro de todo; para los fariseos, el medio, el centro de todo, está ocupado por la ley. Jesús tiene claro que la ley es para el hombre y no el hombre para la ley. Y no ve la religión como el movimiento del hombre hacia Dios sino como el movimiento de Dios hacia el hombre. No hacer el bien al hombre, es hacer mal. Lo que Dios quiere, por encima de todo, es el bien de sus hijos.
Por eso que Jesús nos dice: Este es mi mandamiento, que os améis unos a otros como yo os he amado (Jn 15, 12). Y san Juan: Si uno no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve (1 Jn 4, 20). Y san Pablo: El amor es la ley en su plenitud (Rm 13, 10). Y el Papa Francisco: Estamos llamados a vivir en misericordia, porque a nosotros en primer lugar se nos ha aplicado misericordia. El perdón de las ofensas deviene la expresión más evidente del amor misericordioso.
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