22/08/2026 Santa María, Reina (Mt 23, 1-12)
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Quien se ensalza será humillado, quien se humilla será ensalzado.
Conviene recordar que Mateo escribe su Evangelio para cristianos procedentes de un mundo judío de estructuras, jerarquías, títulos y distinciones fuertemente enraizadas en el corazón de la religión; cosa ajena al Evangelio de Jesús, tan enérgicamente antijerárquico: El mayor de vosotros sea vuestro servidor. Pero la realidad es que nos encontramos ante las más ignoradas palabras de Jesús. Por eso su tan turbadora actualidad.
Es evidente que, a la luz de estas palabras, la Iglesia tiene que cambiar mucho. Pero lo importante es el cambio en cada uno de nosotros, descubriendo lo esencial del Evangelio y viviéndolo con gozo. Vivir la confianza más absoluta sabiéndome hijo de Dios, y vivir la caridad más generosa entendiendo la fraternidad universal.
Jesús impone a sus seguidores exigencias radicales. Nadie debe ponerse por encima de los demás: Nada hagáis por ambición o vanagloria, antes con humildad tened a los otros por mejores. Nadie busque su interés, sino el de los demás (Flp 2, 3-4).
El mayor de vosotros sea vuestro servidor. Como lo fue Él: Os he dado ejemplo para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros (Jn 13, 15).
Teresa de Ávila se admira de la humildad de Dios: ¡Bendita sea su misericordia que tanto se quiere humillar! Él nunca se cansa de humillarse por nosotros. Y compara la humildad con la reina, o dama, en el juego del ajedrez: La dama es la que más guerra le puede hacer en este juego, y todas las otras piezas ayudan. No hay dama que así le haga rendir como la humildad. Esta le trajo del cielo en las entrañas de la Virgen, y con ella le traeremos nosotras de un cabello a nuestras almas.
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