23/01/2026 San Ildefonso (Mc 3, 13-19)
- Angel Santesteban

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Subió a la montaña, fue llamando a los que Él quiso y se fueron con Él.
A los que Él quiso. No le preguntemos qué criterio sigue para elegir a sus amigos y colaboradores. Tampoco preguntemos por qué, el día de la Transfiguración, sube a la montaña con solo tres de sus apóstoles, dejando en el llano a los otros nueve. La solución de san Pablo es ésta: ¡Qué insondables sus decisiones, qué incomprensibles sus caminos! (Rm 11, 33). Y la de santa Teresa: Hemos de dejar en todas estas cosas de buscar razones para ver cómo fue. Basta ver que es todopoderoso el que lo hace. Pues no somos ninguna parte, por diligencias que hagamos para alcanzarlo, sino que es Dios el que lo hace, no lo queramos ser para entenderlo.
Nombró a doce, a quienes llamó apóstoles, para que convivieran con Él y para enviarlos a predicar con poder para expulsar demonios.
Sus discípulos eran muchos. En una ocasión designó el Señor a otros setenta y dos y los envió por delante (Lc 10, 1). De entre todos ellos elige a doce para que estuvieran con Él. También para enviarlos a predicar y expulsar demonios pero, ante todo, para que convivan con Él.
Instituyó a los Doce y puso a Simón el nombre de Pedro…
Siguen los nombres de los doce; cada uno con su nombre y su historia personal. Nosotros, hoy, podemos añadir nuestros propios nombres. Porque siempre quiere tener a sus amigos cerca, y porque la misión está siempre abierta. Poco a poco nos iremos dando cuenta de lo maravilloso de su cercanía y de su amistad. Dice santa Teresa: Con tan buen amigo presente, todo se puede sufrir. Él ayuda y da esfuerzo. Nunca falta. Es amigo verdadero.
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