23/04/2020 Jueves 2º de Pascua (Jn 3, 31-36)
- 22 abr 2020
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El que viene de arriba está por encima de todos.
Cuando hablemos del cielo y de la tierra, no pensemos en términos de arriba y de abajo. No se trata de espacios geográficos; se trata de distintas dimensiones de la misma realidad. Cielo y tierra están entrelazados, especialmente desde que el Hijo de Dios se hizo hombre. Él es quien da unidad a todo lo que existe: Todo tiene en Él su consistencia (Col 1, 17).
El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano.
Palabras que evocan las del salmo: Tiene su salida en un extremo del cielo, y su órbita alcanza al otro extremo, sin que haya nada que escape a su ardor (Salmo 19,7).
Todo está en manos del Hijo. Él tiene absoluto dominio sobre todo. Todo ha sido creado por Él y para Él (Col 1, 16). Todo me ha sido entregado por mi Padre (Mt 11, 27). Éste es el fundamento de su reino; reino que será inaugurado en la cruz, porque cuando yo sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí (Jn 12, 32). Entonces será derribado el príncipe de este mundo (Jn 12, 31).
Aquel a quien Dios ha enviado habla palabras de Dios, porque no da el espíritu con medida.
Comenta el Papa Francisco: El texto tiene profundas resonancias trinitarias. A Dios, que es la fuente de todo amor, solo podemos acceder a través de la experiencia hecha historia y vida plenificada en Jesús de Nazaret. Esta experiencia de intimidad e identificación del Hijo con el ser y el hacer de Dios en el mundo es obra del Espíritu, que se da sin medida. Creer en Jesús nos hace participar de este misterio de comunión y filiación.
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