24/03/2026 Martes 5º de Cuaresma (Jn 8, 21-30)
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Siempre dentro del recinto del templo de Jerusalén, Jesús continúa hablando a los fariseos. Hoy les dice: Yo me voy. Y luego: Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces sabréis que Yo Soy. El YO VOY, se refiere a su Pasión y glorificación y es el documento de identidad del YO SOY. Jesús habla como inmerso en un profundo trance místico; adopta el nombre que Dios se da a sí mismo: YO SOY (Ex 3, 14).
Los fariseos no le entienden: ¿Será que se piensa matar? No es fácil entender a Jesús. No bastan criterios humanos, por buenos que sean; no bastan el sentido común o la razón: Nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar (Lc 10, 22).
Adonde yo voy vosotros nos podéis venir. ¡Qué distintas estas palabras de aquellas otras: Adonde yo voy, sabéis el camino! (Jn 14, 4). Claro que esta frase la dirige a los discípulos, no a los fariseos.
Por otra parte, Jesús está convencido de que al final todos creerán: Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que YO SOY. Sucedió con Nicodemo, sucedió con el centurión romano. Al final, sucede con todos.
Los agraciados con el regalo del conocimiento de Jesús debemos tener presente que ese conocimiento es progresivo; que la pedagogía del Padre es ir desvelándonos poco a poco el misterio de Jesús. Pablo oraba para que sus cristianos de Éfeso pudiesen comprender con todos los santos la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo que excede todo conocimiento y así puedan llenarse de toda la plenitud de Dios (Ef 3, 18-19).
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