25/01/2026 Domingo 3º (Mt 4, 12-23)
- Angel Santesteban

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Desde entonces comenzó a predicar y decir: Convertíos, porque el reino de los cielos ha llegado.
El tema central de la predicación de Jesús es el reino de los cielos. Y su exhortación primera es la de la conversión. No una conversión de tipo moral, como la del Bautista o la de otras religiones. La conversión que Jesús pide consiste en creer que el reino de los cielos, la soberanía de Dios sobre la creación entera y sobre la humanidad entera, han llegado en su persona. Este reino de los cielos encarnado en la persona de Jesús es un acontecimiento que, como hemos visto en Navidad, no llega de manera espectacular, sino de manera humilde. Más tarde encontrará rechazo y oposición. Pero la conclusión, como dice san Pablo, será apoteósica: Después vendrá el fin, cuando entregue el reino a Dios Padre y acabe con todo principado, autoridad y poder… Cuando todo le quede sometido, también el Hijo se someterá al que lo sometió todo y así Dios será todo para todos (1 Cor 15, 24-28). Los creyentes estamos convencidos de esto; por eso lo vemos todo con profundo optimismo. Los que no creen, como no se enteran de que el reino de Dios ha llegado en la persona de Jesús, lo ven todo con amargo pesimismo.
Este Jesús sencillo y humilde, mientras se pasea por la playa, se dirige a los hermanos Pedro y Andrés y les dice: Venid conmigo y os haré pescadores de hombres. Ellos, al instante, dejando las redes, le siguieron.
Eran pescadores; probablemente analfabetos. ¿Por qué no llama a otros mejor preparados? Hoy, a través de la fe, nos llama a nosotros los creyentes. ¿Por qué no a otros mejores que nosotros? Sencillamente porque así lo quiere Él. A nosotros nos corresponde hacer dos cosas: la primera, ser agradecidos por haber sido elegidos y haber recibido el magnífico regalo de la fe; la segunda, aprender a usar las herramientas del pescador de hombres que son la alegría de vivir y la entrega a los demás.
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