25/04/2020 San Marcos, Evangelista (Mc 16, 15-20)
- 24 abr 2020
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Marcos. Su nombre aparece en el libro de los Hechos (12, 12). También en san Pablo (Col 4, 10). La primera frase de su libro no puede ser más concisa y más elocuente: Comienzo del Evangelio de Jesús, el Cristo, Hijo de Dios. El Evangelio de Jesús, la Buena Noticia de Jesús, la Buena Noticia que es Jesús. Marcos sabe lo arduo que es creer en un Hijo de Dios crucificado. Nadie insiste como él en la incredulidad de los discípulos.
Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.
Acaba de echarles en cara su incredulidad y dureza de corazón por no haber creído a quienes le habían visto resucitado. A renglón seguido les envía a proclamar el Evangelio. Este Señor nuestro nunca deja de sorprendernos. Los discípulos no están a la altura de su misión: cobardes, ineptos, torpes… Nos consolamos viéndonos reflejados en ellos. Pero, a pesar de tantos pesares, Jesús confía en ellos. Porque confía en su Espíritu: Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mt 28, 20).
Id al mundo entero. Es cosa de todo creyente, de todos nosotros. Dice el Papa Francisco que los cristianos estamos llamados a salir a anunciar el Evangelio. No hay seguro de vida para los que salen (se entiende salir de uno mismo). Id, salid; el Evangelio, anuncio de Jesucristo, se hace en salida, en camino, siempre.
A toda la creación. La Buena Noticia de Jesús, la salvación, afecta a todo el cosmos. Por eso la vida del creyente es también un compromiso con la ecología. Basta mirar la realidad para entender que esta opción hoy es una exigencia ética fundamental para la realización efectiva del bien común (Papa Francisco).
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