26/01/2026 Santos Timoteo y Tito (Mc 3, 22-30)
- Angel Santesteban

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Él los llamó y por medio de comparaciones les explicó: ¿Cómo puede Satanás expulsarse a sí mismo?
Anteayer veíamos a Jesús incomprendido por sus parientes: Está fuera de sí. Hoy son las autoridades judías las que, motivadas por argumentos religiosos, le desautorizan. Son escribas venidos de Jerusalén en plan de inquisidores. Jesús los llama con ánimo dialogante; intenta hacerles ver cómo tergiversan la acción del Espíritu que actúa en Él. Pero sus intentos no conducen a ninguna parte; ellos continúan identificando el Espíritu de Dios con el espíritu del mal: Lleva dentro a Belzebú y expulsa los demonios con el poder del jefe de los demonios. Es una actitud a la que Jesús denomina blasfemia contra el Espíritu Santo.
Os aseguro que a los hombres se les pueden perdonar todos los pecados y las blasfemias que pronuncien. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tiene perdón jamás.
La blasfemia contra el Espíritu Santo es la actitud de quien se cierra a la salvación de Jesús. Mientras perdure, esa actitud excluye de la salvación al pecador. Claro que la gracia siempre puede cambiar esa actitud. Precisamente ahí es donde mejor se pone de manifiesto la omnipotencia y la misericordia de Dios que, respetando plenamente la libertad, hace que el hombre vuelva su corazón a Dios.
Dice san Pablo: donde abunda el pecado, sobreabunda la gracia (Rm 5, 20). Y el Papa Francisco: ante la gravedad del pecado, Dios responde con la plenitud del perdón. La misericordia siempre será más grande que cualquier pecado y nadie podrá poner un límite al mor de Dios que perdona.
¡Atención a la blasfemia contra el Espíritu! Atención, porque la llevo dentro cuando me siento autosuficiente, creyéndome rico en saber y poder.
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