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27/02/2025 Jueves 7º (Mc 9, 41-50)

El Evangelista nos ofrece hoy una colección de dichos pronunciados por Jesús en distintos momentos y lugares. Nos detenemos en dos de ellos.

Si alguien escandaliza a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le atasen una piedra de molino en el cuello y lo arrojaran al mar.

Hay escándalos buenos y escándalos malos. Jesús escandalizó mucho y bien a quienes creían en sí mismos. Pero escandalizar a los pequeños, a los que creen en Jesús con una fe inmadura, eso sí es un escándalo malo. A eso se refiere san Pablo cuando dice: Nosotros, los fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no buscar nuestro propio agrado (Rm 15, 1). Y en otro lugar: Todo es puro, ciertamente, pero es malo comer dando escándalo (Rm 14, 20). Una fe adulta es un grandioso regalo. Pero a veces, la fe que tú tienes, guárdala para ti delante de Dios (Rm 14, 22). El amor está por encima de la fe, y al final de la vida seremos examinados del amor: Lo que hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis (Mt 25, 40).

 

La sal es buena; pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la sazonarán? Vosotros tened sal y estad en paz con los demás.

Se puede ser muy trabajador y muy emprendedor y muy hábil para distintas tareas útiles para los demás, hasta llegar a pensar que, ¡qué harían los demás sin mí! Pero, como dice san Pablo, si no tengo amor nada soy (1 Cor 13, 2). El amor es la sal de la vida diaria. Por eso, ¿de qué sirve ser útil y servicial sin amor? Sirve para una convivencia como la de la guerra fría.

 
 

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