27/04/2020 Lunes 3º de Pascua (Jn 6, 22-29)
- 26 abr 2020
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Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron en los botes y se dirigieron a Cafarnaún en busca de Jesús.
Continúan en la otra orilla, en la orilla pagana del lago. No saben ir más allá de la materialidad del pan comido. Siguen a Jesús pero no se acercan cordialmente a Él, y no se percatan de que Él puede satisfacer necesidades más hondas. El Papa Francisco dice que hay distintas maneras de seguir a Jesús. Lo importante no son los milagros; lo importante es la Palabra de Dios, es la fe. La gente busca al Señor por interés. Nosotros, seguidores de Jesús, ¿cuánto le buscamos a Él o cuánto nos buscamos a nosotros mismos?
Os aseguro que me buscáis, no por las señales que habéis visto, sino porque os habéis hartado de pan.
Es el reproche a quien se busca a sí mismo. Importa poco que buscado sea material o espiritual. Buscarse a sí mismo es contentarse con mezquindades: No te pongas en menos ni repares en migajas que se caen de la mesa de tu Padre (San Juan de la Cruz). ¡Cuánto mejor nos iría si en lugar de pedir a Dios que se ponga en nuestras manos, pedirle que nosotros nos pongamos en las suyas!
¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?
Los oyentes comienzan a percibir que Jesús abre nuevos horizontes; les gustaría adentrarse en ellos. La respuesta de Jesús toca el corazón del Evangelio: La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado. Ante la religión de ley, obras y méritos, Jesús opone la religión de la fe, de la gratuidad. Lo fundamental es creer, confiar en Él. Lo demás es secundario.
Estamos llamados como cristianos y discipulos de Jesús, a ser cooperadores con Él en la construcción de un mundo más solidario y fraterno, guiados por la fuerza de su Santo Espiritu.
Gracias.