27/05/2026 Miércoles 8º (Mc 10 32-45)
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Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.
Son Santiago y Juan, los hijos del Zebedeo. En Mateo vemos que quien hace la petición es Salomé, su madre. Jesús acaba de anunciar por tercera vez su pasión, muerte y resurrección, pero los discípulos se muestran incapaces de asimilar sus palabras; su camino parece ir en dirección opuesta al de Jesús. Sus ambiciones de glorias humanas siguen tan firmes como en los primeros días de discipulado.
No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber la copa que yo he de beber o bautizaros con el bautismo que yo voy a recibir?
Son discípulos entusiastas de Jesús. Lo demostraron, por ejemplo, al sugerir destruir el pueblo de samaritanos que no quiso recibirles. Pero Santiago y Juan no han entendido a Jesús. Tampoco los demás ¿No entendéis esta parábola, cómo comprenderéis todas las parábolas? (Mc 4, 13). Jesús mismo parece incapaz de hacerles entender la más grande de las parábolas, que es Él mismo: El Espíritu de la Verdad os guiará hasta la Verdad completa (Jn 16, 13).
¿Podéis bautizaros con el bautismo que yo voy a recibir? Es una pregunta ininteligible para ellos. El significado del término griego bautizar, significa sumergir. Y Jesús va a ser sumergido en un mar de sufrimientos. Santiago y Juan contestan afirmativamente sin saber lo que dicen. Lo aprenderán cuando se adhieran al Crucificado-Resucitado.
Es fácil vernos reflejados en Santiago y Juan. Como ellos, llegamos a pensar que lo más importante es lo que hacemos nosotros. Nos cuesta pensar que el seguimiento tiene poco que ver con controlar cosas, situaciones o personas; que el seguimiento tiene todo que ver con el dejar todo control en sus manos.
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