27/10/2026 Martes 30 (Lc 13, 18-21)
¿A qué se parece el reinado de Dios? Se parece a una semilla de mostaza.
Quienes escuchaban a Jesús, asociaban la palabra reinado con la magnificencia y el esplendor de David y Salomón. Por eso que los seguidores del hijo de David, se verán desconcertados cuando le vean colgado de una cruz. En verdad, ¡qué insondables sus decisiones, qué incomprensibles sus caminos! (Rm 11, 33).
El Evangelista Marcos dice de la semilla de mostaza que es la más pequeña de las semillas (Mc 4, 31). ¿Por qué será que Dios se siente tan atraído por lo pequeño? Puestos a divagar, podríamos pensar que a Dios le atrae tanto lo pequeño porque es lo que le falta. Dios, el infinitamente grande, por ser amor infinito, tiene necesidad infinita de mostrar misericordia infinita. Por eso, como escribe santa Teresita, le agrada verme amar mi pequeñez y mi pobreza. Mantengámonos muy lejos de todo lo que brilla, amemos nuestra pequeñez, deseemos no sentir nada. Entonces seremos pobres de espíritu.
Nuestros criterios son opuestos a los de Jesús. A nosotros nos gusta medir la importancia de las personas según la espectacularidad de los logros conseguidos. A Él le gusta medir la importancia de las personas según su humildad.
¿A qué compararé el reinado de Dios? Se parece a la levadura.
Decía el Papa Francisco: Así como la harina es dócil con la levadura y crece, lo mismo ocurre en el reinado de Dios: el hombre y la mujer dóciles ante el Espíritu Santo, crecen y son don para todos.
El granito de mostaza y el pellizco de levadura. Dos imágenes del reinado de Dios. O sea, del mismo Jesús. Insignificante en apariencias ahora, pero espléndido al final de los tiempos.
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