28/04/2020 Martes 3º de Pascua (Jn 6, 30-35)
- 27 abr 2020
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Yo soy el pan de la vida.
YO SOY. Es el nombre que Dios se da a sí mismo en la zarza ardiente (Ex 3, 14). Jesús se lo apropia y le añade muchos apellidos. Hoy es la primera vez que lo hace: Yo soy el pan de vida. Más adelante irá diciendo: yo soy la luz, yo soy la puerta, yo soy el buen pastor, yo soy la resurrección, yo soy el camino y la verdad y la vida; yo soy la verdadera vid.
Jesús se designa a sí mismo como el pan verdadero simbolizado por el antiguo maná y también por el pan recientemente multiplicado que todos sus oyentes han comido hasta saciarse.
¿Qué signo haces para que viéndolo creamos en ti?
Los judíos piensan que el milagro conduce a la fe; cuanto más espectacular el milagro, mejor. Jesús piensa lo contrario: es la fe la que conduce al milagro. El pan verdadero que es Jesús es asimilable solamente por la fe. Dice el Papa Francisco: Una celebración puede resultar impecable, bellísima, pero si no nos lleva al encuentro con Jesucristo, corre el riesgo de no traer ningún sustento a nuestro corazón y a nuestra vida.
La fe en Jesús, la mejor amistad posible, debe ser cultivada y mimada con esmero. ¿Cómo? Primero, evitando traiciones grandes o pequeñas. Segundo, familiarizándonos con Él en las páginas de los Evangelios: con sus palabras, sus gestos, sus sentimientos… Es la mejor oración posible, porque le ponemos a Él en el centro y quedamos nosotros en la penumbra. Así es cómo llegamos a conocer el amor de Cristo, que excede todo conocimiento, y os llenáis de toda la plenitud de Dios (Ef 3, 19).
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