29/01/2026 Jueves 3º (Mc 4, 21-25)
- Angel Santesteban

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Y les dijo además: ¿Se enciende una lámpara para ponerla debajo del celemín o debajo del lecho?
El Evangelio de hoy recoge cuatro mini-parábolas o sentencias de Jesús: lámpara y celemín, secreto y manifiesto, medir y ser medidos, tener y no tener. Todas ellas se refieren a Jesús. Él es la lámpara, el secreto, la medida, lo que tenemos.
Con la primera de ellas el Señor nos invita a preguntarnos si la luz de nuestra fe brilla ante los hombres o la mantenemos escondida. ¿Somos faros que guían o pantallas que ocultan? Quienes, sin mérito propio, hemos sido agraciados con el don de la luz de la fe, tenemos el deber de hacer brillar esa luz; como lo hacía quien es la luz del mundo. Que nuestra vida luminosa llegue a provocar envidia: Brille vuestra luz ante los hombres, de modo que al ver vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre del cielo (Mt 5,16). Estamos llamados, dice el Papa Francisco, a hacerla resplandecer en el mundo, a donarla a los otros mediante las buenas obras.
A quien tiene se le dará; a quien no tiene, se le quitará aun lo que tiene.
Los creyentes tenemos lo que muchos no tienen: la fe. El tesoro escondido, la perla más preciosa, el vino más exquisito. El mejor aval de la mejor calidad de la vida. El regalo que personas más santas que yo no han recibido: Porque la fe no es de todos (2 Tes 3, 2). Quienes la tenemos, recibimos gracia sobre gracia (Jn 1, 16). Quienes no la tienen, ponen su corazón en cosas o personas que, antes o después, les van a fallar. Se les quita aun lo que tienen y su universo se derrumba.
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