30/01/2026 Viernes 3º (Mc 4, 26-34)
- Angel Santesteban

- hace 6 horas
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Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender.
Hoy ha sido, primero, la parábola de la semilla que crece sola: mientras el sembrador duerme, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. Después, la parábola de la semilla de mostaza: la más pequeña de las semillas. Le gusta a Jesús la figura de la semilla para expresar las diferentes dimensiones del Reino de Dios. Cada una de las parábolas con protagonismo de la semilla apunta a una de estas dimensiones.
La parábola de la semilla que crece sola nos dice que todo proceso de crecimiento necesita tiempo; que de nada sirve precipitar acontecimientos. Aprendamos a ser pacientes, esperar y confiar.
La del grano de mostaza apunta al contraste entre la insignificancia actual del Reino y su espectacular resultado final. Porque el Reino de Dios incluye en sí mismo un principio de desarrollo, una fuerza secreta, que le llevará hasta su total perfección. San Pablo lo entiende y explica muy bien: Todo lo ha sometido bajo sus pies, lo ha nombrado cabeza suprema de la Iglesia, que es su cuerpo, la plenitud del que lo llena todo en todo (Ef 1, 22-23). Y cuando hayan sido sometidas a Él todas las cosas, entonces también el Hijo se someterá a Aquel que ha sometido a Él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos (1 Cor 15, 28).
Jesús nos está diciendo que Dios nunca pierde el control de nada. El Papa Francisco dice: A veces la historia parece ir en sentido contrario al designio de Dios. Pero nosotros estamos llamados a vivir estos períodos como temporadas de prueba, de esperanza y de espera vigilante de la cosecha.
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