15/07/2026 San Buenaventura (Mt 11, 25-27)
Te doy gracias, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Podríamos esperar que, llegada la plenitud de los tiempos, la manifestación de Dios sería algo espectacular. Y que, para el día de hoy, ante el nombre de Jesús, toda rodilla se hubiese doblado en el cielo, en la tierra y en el abismo (Flp 2, 10). Sin embargo, desde Belén hasta la cruz, la manifestación de Dios quedó oculta a la mayoría de los humanos.